¿Por qué el déficit fiscal no es una opción?

El déficit fiscal es la situación en la que el gasto público de un país supera a sus ingresos, lo que se traduce en un aumento de la deuda pública y, a largo plazo, en una situación económica insostenible. Aunque en algunos momentos y bajo algunas circunstancias puede resultar inevitable, en términos generales, el déficit fiscal no es una opción recomendable.

Aumento de la deuda pública

Una de las principales razones por las que el déficit fiscal no es una opción es el aumento de la deuda pública. Cuando el gasto público es mayor que los ingresos fiscales, el gobierno recurre a préstamos para poder financiar sus gastos. Estos préstamos generan intereses que a largo plazo pueden llegar a ser muy elevados, lo que compromete el presupuesto público y limita la capacidad de inversión del Estado en áreas como la educación, la salud o la seguridad, entre otras. Además, cuanto mayor es la deuda pública de un país, mayor es su dependencia de los mercados financieros internacionales, lo que puede generar inestabilidad económica y financiera en momentos de crisis.

Inflación

Otra consecuencia del déficit fiscal es la inflación. Cuando el Estado financia el gasto público con préstamos, aumenta la cantidad de dinero circulante en la economía. A medida que la oferta de dinero aumenta, y la demanda no, el precio de los bienes y servicios se dispara, generando inflación. La inflación puede desencadenar un proceso inflacionario que afecta a todos los agentes económicos, incrementando los precios y disminuyendo el poder adquisitivo de los consumidores.

Dependencia externa

El déficit fiscal puede generar una dependencia externa del país en cuestión. Cuando el Estado se financia con préstamos internacionales, su capacidad de maniobra está limitada por las exigencias y condiciones de los prestamistas. En algunos casos, estos prestamistas pueden exigir reformas económicas impopulares como requisito para prestar dinero al Estado. Además, el aumento de la deuda externa puede generar presiones por parte de los prestamistas en momentos de crisis para que el país implemente políticas que no son necesariamente beneficiosas para su economía.

Tensiones socioeconómicas

El déficit fiscal también puede generar tensiones socioeconómicas en un país. Cuando el gasto público es mayor que los ingresos fiscales, puede ser necesario recortar gastos en áreas como la educación, la salud o la seguridad. Estos recortes pueden generar descontento social y agravar las tensiones sociales. Además, en momentos de crisis económica, como la que estamos viviendo actualmente debido a la pandemia de la COVID-19, el aumento del déficit fiscal puede generar tensiones entre los diferentes sectores económicos, que luchan por obtener recursos del Estado para hacer frente a la crisis.

¿Cuándo puede ser necesario un déficit fiscal?

A pesar de las consecuencias negativas del déficit fiscal, en ciertas situaciones puede ser necesario para evitar una recesión económica o para financiar inversiones que generen crecimiento a largo plazo. Los déficits fiscales pueden ser necesarios en los siguientes casos:

Crisis económica

En momentos de crisis económica, como la que estamos viviendo actualmente debido a la pandemia de la COVID-19, el Estado puede necesitar aumentar su gasto público para evitar una recesión económica. Si el Estado no aumenta su gasto público en momentos de crisis, la demanda agregada disminuirá, lo que a su vez disminuirá la producción y, por ende, el empleo en el país. En estos casos, aumentar el gasto público puede ser necesario para sostener la economía y evitar una recesión económica.

Inversiones a largo plazo

Otra situación en la que el déficit fiscal puede ser necesario es para financiar inversiones que generen crecimiento a largo plazo. En este caso, el Estado puede recurrir al endeudamiento para invertir en infraestructuras, investigación, desarrollo o formación, entre otras áreas. Estas inversiones pueden generar crecimiento a largo plazo que permita al país pagar la deuda contraída en el futuro.

¿Cómo evitar el déficit fiscal?

A pesar de que el déficit fiscal puede resultar necesario en algunas situaciones, es importante evitar su aparición en términos generales. Para ello, se pueden implementar las siguientes medidas:

Aumento de los ingresos fiscales

Una de las principales medidas para evitar el déficit fiscal es el aumento de los ingresos fiscales. Para ello, el Estado puede aumentar la recaudación de impuestos, ya sea a través de la eliminación de deducciones fiscales, la lucha contra el fraude fiscal o el aumento de las tasas impositivas. Otra medida es la diversificación de los ingresos fiscales, buscando fuentes de financiamiento adicionales como pueden ser la venta de activos públicos o la obtención de ingresos procedentes de tasas o impuestos específicos.

Reducción del gasto público

Otra medida para evitar el déficit fiscal es la reducción del gasto público. Esto puede conseguirse a través de la eliminación de gastos innecesarios, la reestructuración de las administraciones públicas para hacerlas más eficientes o el establecimiento de medidas de austeridad en momentos de crisis económica.

Equilibrio presupuestario

Finalmente, para evitar la aparición del déficit fiscal a largo plazo, es necesario establecer un equilibrio presupuestario. Esto implica que los ingresos fiscales deben ser suficientes para cubrir los gastos públicos, de forma que no sea necesario recurrir al endeudamiento para financiar el gasto público. Para ello, es necesario establecer un presupuesto público realista y cumplir con los objetivos de déficit marcados por la Unión Europea y otros organismos internacionales.

Consideraciones finales

El déficit fiscal no es una opción recomendable para un país, ya que puede generar un aumento de la deuda pública, inflación, dependencia externa y tensiones socioeconómicas. Sin embargo, en ciertas situaciones puede resultar necesario para evitar una recesión económica o para financiar inversiones que generen crecimiento a largo plazo. Para evitar su aparición, es importante implementar medidas como el aumento de los ingresos fiscales, la reducción del gasto público o el establecimiento de un equilibrio presupuestario. En definitiva, la gestión responsable de las finanzas públicas es clave para evitar el déficit fiscal y garantizar el bienestar económico y social de un país.

Valeria Catillo